La primera vez que llegué a Guadalajara no tuve una cálida bienvenida. Todo era totalmente diferente a lo que había conocido como "el mundo gay".
Mudarme de un pueblo a una gran ciudad iba a ser todo un reto, empezando por el hecho de que eran reglas distintas. Así que tuve que aprenderlas y jugar el juego con mis propias reglas.
Porque al vivir en Guadalajara aprendí que la hipocresía, el egocentrismo y la popularidad no lo es todo…. es solo el principio.